Gilles de Rais, mariscal de Francia y asesino en serie de niños

 Imagen de Gilles de Rais del siglo XX. Fuente: Enciclopedia Britannica

Gilles de Rais nació en el seno de una familia rica y desde niño estuvo dotado de una gran inteligencia. Destacan sus hazañas militares en la Guerra de los Cien Años, en la que participó codo con codo en algunas contiendas con Juana de Arco. Sus éxitos militares le valieron el título de Mariscal de Campo. Uno de sus logros más afamados fue recuperar de manos inglesas la Santa Ampolla que contenía el óleo con el que se ungía a los reyes franceses en su coronación. Sin embargo, no es por estas hazañas por las que se recuerda a Gilles de Rais sino por su condena como asesino en serie y pederasta.

De Rais se retiró de la vida militar en 1434 ó 1435 y comenzó a llevar una existencia un tanto excéntrica. En esta misma época, creó la Capilla de los Santos Inocentes en la que él mismo oficiaba la misa llevando un hábito de su propio diseño. También tuvo algunos devaneos en la magia negra y el ocultismo. Se empeñó también en desarrollar una ambiciosa obra de teatro llamada El misterio del sitio de Orleans, una pieza compleja de más de 20.000 versos que contaba con un reparto de 140 personajes y casi 500 extras. Esta singular pieza teatral fue representada por primera vez el 8 de mayo de 1435. Los más de 600 trajes que vestían los actores fueron destruidos para ser confeccionados de nuevo para la siguiente representación. 

Como se puede imaginar, la construcción de la capilla, pero sobre todo los gastos derivados de la obra de teatro hicieron mella en su economía. Pronto empezó a vender propiedades, muebles y otros objetos para poder hacer frente a los gastos y no tardó en estar en bancarrota. Sus familiares protestaron por este despilfarro ante las autoridades y finalmente se prohibió a Gilles de Rais vender más bienes materiales.

Ya desde 1432 circulaban rumores extraños acerca del mariscal. Se decía que los niños que se acercaban a su castillo desaparecían para siempre y se especulaba que De Rais practicaba el canibalismo infantil. Sin embargo, la vida de unos niños de los estratos más bajos de la sociedad no importaba demasiado a las autoridades y no se lanzó una investigación oficial hasta que De Rais cometió el escándalo de asaltar la iglesia de Saint-Étienne-de-Mer-Morte y secuestrar a un aterrorizado miembro del clero. El obispo de Nantes inició entonces un proceso contra Gilles de Rais y quedó alarmado por lo que descubrió. Al parecer, el caballero había abusado sexualmente y posteriormente asesinado a más de un centenar de niños.



Detalle de una miniatura que representa a Gilles de Rais antes de ser ejecutado. Fuente: Wikimedia Commons

Según los testigos, De Rais usaba su influencia y relevancia social para atraer a hijos de mendigos y campesinos a su palacio, normalmente con el pretexto de que hicieran alguna tarea para él a cambio de dinero, habitualmente entregar un mensaje. Los niños le acompañaban con gusto y a menudo con el permiso de sus padres. Una vez en el château, eran agasajados con un banquete y vestidos con ropa lujosa. Cuando la víctima estaba confiada, Gilles de Rais la invitaba a una habitación en la zona más privada del edificio, en la que solo se admitía al círculo más íntimo del mariscal.

De acuerdo con los testimonios, desnudaba a los niños y los colgaba de unas cadenas que tenía en la alcoba para tal fin. En ocasiones, sodomizaba a los secuestrados y otras obtenía gratificación sexual al ver su sufrimiento. Satisfecho su sádico apetito, reconfortaba a la víctima para luego asesinarla cortándole el cuello u ordenando a otra persona que lo hiciera por él. Aquellos asesinados por de De Rais fueron sobre todo varones, lo que, unido a la acusación de sodomía tanto de niños como de niñas, alimenta la idea de una homosexualidad sádica unida a severos trastornos psiquiátricos. Dependiendo de la fuente, el número de supuestas víctimas oscila entre los 100 y los 200. De Rais utilizaba amenazas y su posición privilegiada para hacer callar a las familias.

En el juicio, muchas personas de su círculo testificaron contra él y confesaron haber sido partícipes en estas orgías sangrientas. También se contó con testimonios directos de padres que no habían vuelto a ver a sus hijos después de que fueran contratados por De Rais. El acusado, ante esta cantidad de testimonios, se declaró culpable antes de que pudieran someterlo a la tortura. Fue condenado a muerte junto a varios de sus compinches. Los terribles crímenes que se le atribuyen han llevado a pensar que pudo ser la inspiración para el cuento de Barbazul.

El resultado del juicio se ha cuestionado mucho en los últimos tiempos. Se ha dicho que Gilles de Rais fue víctima de un complot político y su juicio estuvo amañado. Sin embargo, el historiador Oliver Bouzy argumenta que no ve motivos por los que nadie querría quitarle de en medio: no tenía poder político, ya no era militar y estaba camino de la ruina económica con sus excéntricos gastos. También se ha creído que pudo ser una trama de la Iglesia, teoría que fue defendida por Margaret Murray, que aseguraba que Gilles de Rais fue ejecutado porque participaba en una religión pagana que rendía culto a la diosa Diana. Esta teoría, sin embargo, no es compartida por los investigadores actuales. Hay que considerar también que los familiares de De Rais no intentaron revertir la condena, sino que se esforzaron en expiar los pecados del condenado a través de un enterramiento digno y la creación de monumentos en su nombre.

En 1992 el escritor Gilbert Prouteau organizó un juicio público en defensa de De Rais que se celebró en el anfiteatro de la UNESCO y fue televisado. Un abogado defendió ante un tribunal la causa del militar muerto 500 años antes. No había un cuerpo judicial ni autoridades de ningún tipo que avalasen el evento. Sin embargo, Prouteau reunió a un grupo de abogados, ex políticos, escritores así como un biólogo y un médico para dirimir la culpabilidad de De Rais. Conviene tener en cuenta que en el grupo no había ningún historiador o medievalista. El tribunal decidió, teniendo en cuenta las pruebas aportadas, que cabía una duda razonable de que De Rais no fuera un asesino infantil. Los resultados de este circo mediático se publicaron en un libro que también contenía una biografía novelada del mariscal de campo francés. Sorprende que se invirtieran tantos esfuerzos en limpiar el nombre del compañero de Juana de Arco en lugar de investigar injusticias judiciales medievales como los procesos de brujería o de los templarios.

Los historiadores han criticado mucho esta singular defensa de Gilles de Rais. Estos, de hecho, en general coinciden en la probable culpabilidad de este personaje. El especialista Oliver Bouzy enumeró cada uno de los puntos en que Prouteau ofreció información que se contradice con las fuentes o malinterpretó los textos medievales. Hoy por hoy, resulta imposible saber con certeza si De Rais fue un asesino sádico y pedófilo o simplemente una víctima del deficiente sistema judicial de la Edad Media. La única certeza es que, de ser inocente, el juicio de 1992 no lo prueba en absoluto.

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