El trastorno alimenticio de la emperatriz Sissi

Sisi en su coronación. Fuente: Wikimedia Commons

La emperatriz Isabel de Austria, más conocida como Sisi, es famosa por su opulencia pero también por ser un personaje trágico. Ha inspirado numerosas películas, series de televisión e incluso dibujos animados. Algunos ven en Sisi una encarnación de la vanidad más absoluta, pero otros la consideran un espíritu libre y una mujer adelantada a su tiempo. Una faceta de su personalidad fue la mala relación que la emperatriz tuvo siempre con la comida y con su peso, lo que sugiere que Sisi peleó con un trastorno alimenticio gran parte de su vida.

Sisi fue una mujer muy alta para su época, medía 1,73 metros de altura. A pesar de esto, no superaba los 50 kg, aún después de haber tenido cuatro embarazos. Mantenía este peso a través de una alimentación escasa y un régimen de ejercicios excesivo. Cuando su cuerpo amenazaba con superar esta cifra, practicaba el ayuno, haciendo una "cura del hambre", que consistía en un ayuno casi completo que se prolongaba durante días. Habitualmente, la emperatriz no comía carne porque esta le producía disgusto, por lo que sus comidas solían consistir en caldo de carne, huevos y leche. Tras la muerte de su hija, se negó a comer durante varios días seguidos. Dejó de cenar con su familia y, en las raras ocasiones en que lo hacía, comía rápido y muy poco. 

Isabel era una mujer muy deportista, algo inusual en su época. Disfrutaba de la equitación, ejercicio al que dedicaba varias horas al día, lo que la convirtió en una de las mejores amazonas de su época. Cuando la ciática le impidió seguir practicando este deporte, ocupaba su tiempo en larguísimos paseos hiciera lluvia o nieve. Además de esto, se aseguraba de que hubiera un gimnasio en cada palacio en el que vivía para poder ejercitarse. Mandaba instalar bancos y alfombras en su habitación para llevar a cabo su rutina de ejercicios matutina. Se aseguraba, además, de que hubiera espejos para poder corregir su postura. Igualmente, practicaba el esgrima. El abundante ejercicio que practicaba, unido a una dieta insuficiente, mantenían su peso muy por debajo de lo saludable. 

La moda de la época incluía corsés que se ajustaban en la zona delantera mediante lazadas. La emperatriz optaba por un modelo más rígido, con paneles sólidos en la parte delantera para que fuera más restrictivo. Aparentemente, solo usaba cada corsé durante unas pocas semanas antes de sustituirlo por uno nuevo. Esto podría indicar que prefería un corsé más firme y que, con los primeros signos de que se daba de sí, lo desechaba. El proceso de atado de estas piezas podía prolongarse durante una hora. La dimensión de su cintura llegó a ser de 40 cm. 


Sisí y su esposo a caballo. Fuente: Wikimedia Commons

Contrariamente a lo que tradicionalmente se piensa, Sisi prefería llevar vestidos sencillos y monocromáticos e incluso ropa de equitación en lugar de grandes vestidos pomposos. No solía llevar grandes enaguas bajo su falda, como era la moda, sino que prefería añadir rellenos cosidos directamente en la falda. Se ha especulado que le disgustaban estos adornos porque hacían que su figura pareciera más voluminosa. Igualmente, se cree que cosía los rellenos en su ropa para que su estrecha cintura pareciera más pronunciada. Esta silueta tan marcada enfurecía a su suegra, que deseaba que la emperatriz estuviera embarazada tanto como fuera posible.

Algunas comidas documentadas de la emperatriz han llevado a pensar que se daba atracones  ocasionales, práctica relacionada con algunos trastornos de la alimentación. En una ocasión, por ejemplo, la emperatriz fue a comer a un restaurante de incógnito, pidiendo incluso una porción de tarta de postre. En 1881 compró una mansión en Inglaterra en la que mandó construir una escalera que llevase directamente desde su habitación a la cocina, lo que la permitiría comer a escondidas. 

Evitaba, además, la intimidad con su marido, quizá para prevenir un embarazo. Se excusaba en su mal estado de salud para evitar el sexo y es probable que sus largas caminatas también fueran una forma de escapar de esta obligación. En una ocasión llegó a decir: "Los niños son la maldición de la mujer, porque cuando vienen, se llevan la Belleza, que es el mayor regalo de Dios". En algún punto, desarrolló una verdadera fobia hacia las personas gruesas. Este miedo pasó a su hija pequeña, que se aterrorizó cuando, siendo niña, conoció a la reina Victoria de Inglaterra. 


Retrato de Sisi vestida de luto. Fuente: Wikimedia Commons


En los últimos años de su vida, la obsesión se volvió aún mayor, quizá magnificada por las tristezas e insatisfacciones de su vida. Se daba baños de vapor para bajar peso y a menudo dormía con paños empapados en vinagre en torno a la cintura para mantenerla estrecha. En 1862, al volver de Viena, su criada aseguró que Sisi comía y dormía bien y ya no llevaba corsés apretados. Sin embargo, desde este momento hasta su muerte, su ropa demuestra un tamaño de cintura excesivamente pequeño. El príncipe de Hesse la describió como "casi inhumanamente delgada". Se pesaba a diario y parece ser que en 1894 alcanzó los 43.5 kg.

Es fácil generalizar los problemas alimenticios y de percepción de sí misma que tuvo la emperatriz austriaca como un signo de su vanidad y un insano culto a la belleza. Sin embargo, hay otros factores que seguramente jugaron un papel importante: Una vida de tristeza y soledad, una mala relación con la familia de su esposo, una falta de conocimientos de las enfermedades mentales, unos medios económicos que facilitaban su trastorno y una sociedad obsesionada con un ideal de belleza femenino inalcanzable deben tenerse en cuenta. 

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